Blog de clase

Tercer ciclo E. Primaria

Fábulas

1. El ratón de campo y ratón de ciudad

Un ratón campesino, que tenía por amigo a otro de ciudad, lo invitó a comer con él en la campiña.

Cuando su amigo vio que sólo podía ofrecerle trigo y yerbajos, le dijo:

— ¿ Sabes amigo, que llevas una vida de hormiga ? En cambio yo poseo bienes en abundancia. Ven conmigo y los tendrás a tu disposición.

Así que partieron ambos para la ciudad y allí el ratón ciudadano le mostró a su amigo trigo y legumbres, higos y queso, frutas y miel. Maravillado,  el ratón campesino bendecía a su amigo de todo corazón y renegaba de su mala suerte.

Estaban ya dispuestos a darse un festín, cuando un hombre abrió de pronto la puerta. Espantados por el ruido los dos ratones se lanzaron temerosos a los agujeros y allí estuvieron hasta que se fue. Después volvieron a buscar higos secos, pero otra persona entró en el lugar y, al verla, los dos amigos se precipitaron hacia la rendija más cercana para esconderse de nuevo.

Entonces el ratón de campo, olvidándose de su hambre, suspiró y dijo al ratón de ciudad:

— Adiós amigo, ya veo que comes hasta hartarte y que estás muy satisfecho, pero es al precio de mil peligros y temores constantes.  Yo, en cambio, soy pobre y vivo mordisqueando cebada y trigo, pero sin temores hacia nadie.

 

2. Los dos escarabajos

Pacía un toro en una pequeña isla y dos escarabajos se alimentaban de su boñiga. Llegado el invierno, uno de los escarabajos le dijo al otro que iba a cruzar el mar hasta el continente, para que el que quedara en la isla tuviera suficiente alimento. Y añadió que si encontraba comida en abundancia,  le traería también a él .

Cuando el escarabajo llegó al continente encontró muchas y frescas boñigas, por lo que decidió establecerse allí y se alimentó abundantemente. Pasado el invierno volvió a la isla. Al verle su compañero gordo y saludable, le reprochó que no le hubiera llevado nada, a lo que él repuso:

— No me culpes a mí, sino a la naturaleza del lugar, porque se puede encontrar con qué vivir en él, pero es imposible alzar vuelo con tanta carga.

3. Los ratones poniendo el cascabel al gato

Un hábil gato hacía tal matanza de ratones que, apenas veía uno, era cena servida. Los pocos que quedaban, sin valor para salir de su agujero, se conformaban con su hambre. Para ellos ese no era un gato, sino un diablo carnicero.

Una noche en que el gato partió a los tejados en busca de su amor, los ratones hicieron una junta sobre su problema más urgente.

Desde el principio, el ratón más anciano, sabio y prudente, sostuvo que de alguna manera, tarde o temprano, había que idear un modo que avisara de la  presencia del gato y ellos pudieran esconderse a tiempo. Efectivamente, ese era el remedio,  no había otro. Todos fueron de la misma opinión y nada les pareció más indicado.

Uno de los asistentes propuso ponerle un cascabel al cuello del gato y a todos  les entusiasmó y les pareció una excelente solución.Sólo se presentó una dificultad: ¿quién le ponía el cascabel al gato?

— ¡Yo no, no soy tonto, no voy!

— ¡Ah, yo no sé cómo hacerlo!

En fin, que la reunión  terminó sin adoptar ningún acuerdo.

4. El labrador y los perros

Aprisionó el mal tiempo a un labrador en su cuadra y como no pudo salir a buscar comida, empezó por devorar a sus carneros. Luego, como el mal tiempo seguía, se comió también las cabras y, como el temporal no paraba, acabó con sus propios bueyes.

Viendo entonces los perros lo que pasaba se dijeron entre ellos:

  • Larguémonos de aquí, pues, si el amo ha sacrificado los bueyes que trabajan con él, ¿cómo nos perdonaría a nosotros?

5. La liebre y la tortuga

Cierto día una liebre se burlaba de las cortas patas y lentitud al caminar de una tortuga. Pero ésta, riéndose, le replicó:

-Puede que seas veloz como el viento, pero yo te ganaría en una competencia.

Y la liebre, totalmente segura de que aquello era imposible, aceptó el reto, y propusieron a la zorra que señalara el camino y la meta.

Llegado el día de la carrera, arrancaron ambas al mismo tiempo. La tortuga nunca dejó de caminar y a su lento paso pero constante, avanzaba tranquila hacia la meta. En cambio, la liebre, que a ratos se echaba a descansar en el camino, se quedó dormida. Cuando despertó, y moviéndose lo más veloz que pudo, vio como la tortuga había llegado la primera al final y obtenido la victoria.